"FLORES EN LA CUNETA" CANDIDATO AL PREMIO NACIONAL DE LA CRÍTICA

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LA CRITICA HA DICHO:

"Flores en la cuneta" candidato al Premio Nacional de la Crítica (Pinchar en la portada del libro para leer noticia)

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"Este libro excelente, tan sugestivo como intenso, viene a constituir una aportación muy interesante a la posible nueva objetividad poética.

La intensidad analítica del sentimiento, el carácter narrativo básico de su discurso, la reciente desolación existencial, la riqueza de imágenes y el cuidado de la precisión expresiva son algunas de las constantes de la poesía de Céspedes que siguen fluyendo en este nuevo libro".

(Francisco Díaz de Castro)

Enlacea a la crítica completa en EL CULTURAL-EL MUNDO 08-01-2010)

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/26427/Flores_en_la_cuneta _______________



"Alejandro Céspedes es una voz fuerte, personal y regenerada que devuelva a la poesía una tensión muchas veces cuestionada y, eminentemente hoy, en entredicho".



(Vicente Presa)

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"Poeta de profunda dicción, Alejandro Céspedes, está en la mejor tradición de la poesía española que viene del 27, pasa por Cántico y por algunos poetas del 50, como Brines o Rodríguez y que continuó en lo mejor de la generación del 70 y los postnovísimos".

(José Infante)

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"Céspedes posee ese don imprescindible para un poeta, una voz intensa y personal, que encuentra dentro de sí el asunto de sus meditaciones".

(Carlos Alcorta)

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"Alejandro Céspedes construye un poemario homogéneo y rotundo, capaz de provocar espasmos, lacerante. Un poemario que retuerce el lado brillante, y a menudo falsario, de la vida para entrar a trapo en las oscuridades y miserias de la condición humana.

Flores en la cuneta es, como la ruta, un libro arriesgado y sin concesiones. En el lenguaje, en su composición estrófica, en sus imágenes. Pero también un libro destellante. Y emotivo, muy emotivo. Crudo, sí, pero más porque provoca algo poco conveniente: pensar. Crudo también porque no acaricia la piel sino que araña las vísceras".

(Juan Ramón Mansilla)

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"Céspedes prosigue en este libro con la comprometida línea personal abierto con "Los círculos concéntricos" (Premio "Blas de Otero" y Premio de la Crítica de Asturias). Poesía de nuestro tiempo que no elude los perfiles más desalmados de la realidad. Prosa poética, poemas en verso y poesía visual se van sucediendo en este libro intenso. Alejandro Céspedes se ha distinguido por su capacidad de interpretar el universo del hombre contemporáneo, con sus inmensas contradicciones en una obra poética siempre dispuesta a buscar nuevos perfiles y nuevas maneras expresivas. En todos sus poemarios, pero quizá especialmente en este último, además del poso poético, forjado con palabras escogidas e imágenes deslumbrantes, siempre queda al final el poso de la reflexión."

(Carlos Aganzo, El Norte de Castilla, 20 marzo 2010)

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“El autor ha escrito un libro singular. Alejandro Céspedes es un poeta en metamorfosis. Su largo silencio de diez años le llevó desde un lugar destacado en su generación hasta la lejanía del recuerdo. Ahora vuelve con nuevas fuerzas con dos libros importantes y premiados que le reubican como una de las voces fundamentales de su generación. Entre la tradición y la ruptura se ubica Flores en la cuneta, un poemario crudo, original, hondo, agónico y a la vez inquietantemente hermoso en su visión descreída del dolor humano y su fragilidad”.

(Julio Mas Alcaraz)

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"En Flores en la cuneta, Alejandro Céspedes reflexiona de manera magistral, sobre las contradicciones de la vida contemporánea. El poeta reinventa desde el interior mismo del accidente, desde el pensamiento, la percepción y la vivencia del dolor, la pérdida, la extrañeza por lo sucedido, la extrañeza por uno mismo: la fragilidad de la existencia y, al fin, la muerte".

(Agustín Calvo Galán)

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"Sobre su libro anterior escribí que el verso de Alejandro Céspedes abriga en su decir un constante desafío frente a la palabra y a la existencia. Ahora, su cántico, se extrema y se afianza aún más, tras dar a la luz un espléndido libro en donde la desolación que provocan los accidentes de tráfico (“cadáveres de animales, zapatos desperdigados y ramos de flores”), se torna protagonista de esta arriesgada apuesta.



Además de “inquietantemente hermoso en su visión descreída del dolor humano y de su fragilidad”, como se dice en el epílogo, añadiría yo, en su sugeridor juego de espejos, en su dicotomía de sombras y paraísos, en su honda y amatoria reflexión humana".

(Jorge de Arco)

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“Alejandro Céspedes se ha propuesto extraer poesía profunda de la epidérmica poesía publicitaria, poniendo de manifiesto que, tras los buenos deseos y las falsas promesas, se esconden el accidente, el fracaso, la parálisis, la soledad y la muerte. Su escritura se dirige entonces hacia una poética de desvelamiento.

Céspedes opone la angustia del lenguaje y la disposición irregular del texto en la página, todo lo cual está destinado a suscitar en el lector una íntima reflexión sobre la vida y su reverso, cierta inquietud o desconfianza sobre los mensajes que recibe y, en cuanto a lo literario, la certeza de tener entre las manos un libro de poesía diferente y deslumbrante, que se aleja de las convenciones líricas para adentrarse en las posibilidades que ofrecen los temas y los lenguajes contemporáneos”.

Isabel Pérez Montalbán (El Maquinista de la Generación, nº 20-21 mayo 2011)

Selección de poemas:

¿Te gusta conducir?



Teje la araña.

Espera.

Ha colgado los hilos de su red sobre

l a t r a n s p a r e n c i a d e l e s p a c i o

Cuando palpite el centro de la diana disparará su dardo. Envolverá a su presa. Aún viva, consumirá los últimos latidos agitando unas alas que saben que no tienen destino.

Tejen su vida

Corren

Van colgados

The Killers a tope

Beben
Fuman
Vuelan

ciento veinte caballos
aspiran rayas blancas
sobre una carretera
Desconocen
que en esa

t r a n s p a r e n c i a d e l e s p a c i o

hay una red tendida
esperando que
el centro
de su diana,
a punto,

se dispare.

El dardo nunca ignora
su destino.

En su aguja reside
la certeza.





Los animales de dos en dos, ua, ua

Chillan como animales las dos ruedas derechas. Luego las de la izquierda derrapan e imprimen sus dibujos sobre la carretera.

Ellos gritan también.
Ríen.
Nadie los juzga.

Aún no saben que a partir de la siguiente curva, y para siempre, van a llevar colgados de su corazón los ojos de una perra.





Te hará feliz o te devolvemos tu dinero

Fran le pide dinero a su padre para salir.
En el recreo fuma con Martin dos petas para celebrar su cumpleaños.

Se dan de hostias con tres colegas por una chorrada que dijeron a cuento de la edad.
Los compañeros los animan. Lo graban con el móvil. Ganan ellos.

Pasan de las últimas dos clases y continúan la fiesta en los billares. En los televisores de la sala de juegos están pasando el anuncio de un coche. Fran invierte las monedas de su padre y las duplica en una tragaperras.
- Un día de puta madre.

Compran en un chino una botella de Cacique, unas coca-colas, una navaja.
Mientras beben en el parking de una gran superficie ven un coche igual que el del anuncio.
- Martin, ¿nos hacemos felices?

Fran y Martin.
Felices.

Abren el coche con la navaja nueva.La ciudad se abre de piernas ante ellos.

No necesitan saber nada más. Hay un mundo perfecto y puede construirse a su medida. Cuando todo alrededor es tan espléndido sólo puede ser designado con nombres muy pequeños, y su vocabulario también está pensado a su medida: coche, música, petas, priva, pasta en el bolsillo.

El sol, que tampoco distingue lo diverso, rebota en el contorno de su coche. Sobre el lado contrario de la carretera ven su sombra pero no saben que es todas las sombras.

Fran y Martin.
Felices.
Siguen acelerando.

Las ventanillas, aun después de que han sido cerradas conservan la memoria de su hueco. Ven su mundo correr por esos ojos y tienen la certeza incuestionable de que ellos son el mundo. Quieren salvarse solos y son igual que brasas sacadas de una hoguera.

A partir de este instante, Fran y Martin ya no sabrán qué ocurre. Algunos lo veremos. Los informativos de las 15 h empezarán con la noticia desde la puerta del instituto. Harán una entrevista a varios compañeros.

Las imágenes son de una carretera que discurre por un paisaje idílico. Al fondo de un barranco hay un rastrillo de cosas esparcidas, expuestas a la intemperie de los ojos de una bandada de cuervos.

El árbol ya es ceniza de un fuego consumido.
Esta noche habrá viento.
Lo revolverá todo.

La madre de Fran no quiso verlo. Ha dicho que, para ella, el mundo a partir de hoy será como vivir dentro de un cuadro en el que siempre llueve. Fue el padre el encargado de recoger las pertenencias. Una navaja, un teléfono móvil, la mochila con los libros de clase, un pantalón con un bolsillo lleno de dinero.
Aprieta las monedas para poder pensar que está tocándolo. Las guarda en una caja como recuerdo de lo último que tuvieron los dos entre las manos.
Nunca sabrá que no son las mismas.

Después de las noticias vuelven a pasar por la tele el mismo anuncio.




Y de pronto, hoy es un buen día

No entiende por qué tuvo que sucederle a él.
Intenta descifrar el amasijo.
Rastrea la calle nudo a nudo para ver si descubre en cuál de los momentos ocurrió lo esencial. Estira la maraña por si es posible aislar ese segundo que nació con el único afán de fracturarle.

No lo admite.
No puede aceptar que fue así… porque sí… nada más, que todo sucedió sin tener un guión memorizado, que ese día, que los días, corren atolondrados y tienen una venda tapándoles los ojos, que no es cierto que ese miércoles llevase escrito su nombre en ningún sitio.

No comprende que lo que dio sentido a ese desastre ocurrió en el espacio de un largo parpadeo y que él no pudo verlo. Ni que tampoco ahora podrá verlo por más que se desvele cada noche al ordenar de mayor a menor los trozos de vida diseminados al borde de la acera. Hace la autopsia a todos los instantes de ese día para identificar al que fue capaz de desatarlos todos.

No puede recogerlos.
Pero no se resigna.

No puede asumir que ese segundo de ese día de ese mes de ese año nació sin un propósito. Que fue él quien se cruzó de golpe en su camino cuando los ojos de un coche lo miraron de frente.

Por más que se lo expliques, da lo mismo. Maldice cada vez que escucha decir miércoles, cada vez que piensa en ese día. Para que no existan, al comenzar el año los arranca uno a uno de su calendario.

También se pudren las hojas de ese otoño diferente. Se descomponen las sílabas de todos sus insultos.

No se amolda a la idea de que él no es importante, de que todo sucede sin su consentimiento, de que los hechos no tienen conciencia de sí mismos. No entiende que, de pronto, hoy es cualquier día y cae sin un propósito aunque lo que derrame le salpique.

No.
No le digas nada.
Déjale estar creyendo que es posible desenredar el orden de los días.

martes, 3 de enero de 2012

(2ª parte) Reseña "Flores en la cuneta", revista "El Maquinista de la Generación" nº 20-21, mayo 2011, por Isabel Pérez Montalbán.

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